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REFLEXIONES

@copyright 2022

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Elegirse también se entrena.

 


Y sí, sé que no siempre es fácil.
Porque no todos aprendimos que podíamos elegirnos.


Muchos crecimos creyendo que el valor estaba en agradar, en cuidar a los demás, en ser lo suficientemente buenos para que alguien nos mire, nos apruebe o se quede.

 

Elegirse, para algunos, no fue una opción natural.


Fue algo que empezó a sonar egoísta. Incómodo.


A veces hasta da culpa.

 

Y es que psicológicamente, si durante mucho tiempo tu identidad se construyó en función de lo externo —de lo que los demás necesitan, esperan o quieren de ti—, entonces empezar a elegirte puede sentirse como una amenaza a esa antigua forma de ser.


Pero no lo es. Es un acto de crecimiento.

 

Elegirse no es dejar de querer a los demás. Es no dejarse de lado a uno mismo.

 

Elegirse es aprender a notar lo que sientes, lo que necesitas, lo que te hace bien… y respetarlo.


Es empezar a construir una relación contigo basada en el respeto, y no solo en la autoexigencia.


Es decirte: “Estoy aquí para mí, incluso cuando me cuesta. Incluso cuando aún no sé cómo hacerlo.”

 

Y claro que no siempre te vas a elegir.


Hay días en los que volverás a postergarte, a callarte, a adaptarte de más.


Pero si estás empezando a notar eso, ya estás entrenando.


Porque elegirse también es una práctica emocional, y como cualquier práctica, se entrena con paciencia, con recaídas, con avances pequeños.

 

No tienes que hacerlo perfecto.


Solo tienes que seguir intentándolo.


Porque cuanto más te eliges, más claro ves que no se trata de ego, se trata de salud.


Y la salud emocional también empieza por ahí: por aprender a ser un lugar seguro para ti.

 

 

Acompañar sin asumir los problemas del otro

 

Es natural querer ayudar a quienes amamos cuando enfrentan dificultades. Sin embargo, a veces confundimos acompañar con intentar resolver sus problemas, y eso puede generar más frustración para ambos.

 

Acompañar significa estar presentes, escuchar con atención y empatía, y ofrecer nuestro apoyo sin apropiarnos de las cargas ajenas. No se trata de quitarles el peso de sus problemas, sino de ayudarles a encontrar su fuerza para enfrentarlos.

 

Cuando asumimos las dificultades del otro como propias, corremos el riesgo de anular su capacidad de aprendizaje y crecimiento. Además, nos desgastamos emocionalmente al intentar solucionar situaciones que, muchas veces, no están en nuestro control.

 

El verdadero acto de amor y respeto en una relación –ya sea de pareja, amistad o familia– está en caminar a su lado. No para cargar su mochila, sino para darles confianza mientras ellos la llevan. Esto también nos libera de una carga que no nos corresponde, permitiendo cuidar de nuestro propio bienestar.

 

Acompañar no es un acto pasivo, sino una forma de estar presentes de manera activa y respetuosa, confiando en la capacidad del otro para enfrentar sus propios desafíos.

 

Recordemos siempre: no estamos aquí para salvar a nadie, pero sí para caminar juntos.

 

A veces, descansar es lo más productivo que puedes hacer

 

En una sociedad que valora la acción constante y la ocupación como indicadores de éxito, el descanso a menudo es malinterpretado como una pérdida de tiempo. Sin embargo, desde una perspectiva psicológica, el descanso no es solo un acto necesario, sino también una estrategia esencial para mantener la productividad y el bienestar emocional.

 

 

El descanso permite a nuestro cerebro recuperarse de la sobreestimulación, procesar la información acumulada y recargar energías para los desafíos futuros. Al ignorarlo, corremos el riesgo de sufrir agotamiento físico y mental, lo que eventualmente afecta negativamente nuestra capacidad para tomar decisiones, resolver problemas y ser creativos.

 

 

Por qué descansar es productivo

 

 1. Renovación cognitiva: La mente necesita pausas para integrar y consolidar lo aprendido. Durante el descanso, las conexiones neuronales se reorganizan, fortaleciendo nuestra memoria y habilidades cognitivas.

 

 2. Reducción del estrés: El descanso ayuda a regular el cortisol, la hormona del estrés, disminuyendo sus efectos negativos en el cuerpo y la mente.

 

 3. Prevención del agotamiento: Incorporar descansos regulares evita llegar al punto de “quemarse”, mejorando la sostenibilidad de nuestras metas a largo plazo.

 

 4. Fomento de la creatividad: Muchas ideas innovadoras surgen en momentos de inactividad, cuando la mente tiene espacio para divagar y conectar puntos de forma inesperada.

 

 

Cómo incorporar el descanso en tu rutina

 

 • Prioriza el sueño: Dormir lo suficiente no es un lujo, sino una necesidad básica para un funcionamiento óptimo.

 

 • Realiza pausas activas: Dedica unos minutos entre tareas para caminar, respirar profundamente o simplemente desconectar.

 

 • Practica la desconexión digital: Alejarte de las pantallas permite un descanso más efectivo para tus ojos y tu mente.

 

 • Agenda tiempo para no hacer nada: Permítete momentos de quietud para recalibrar tu energía y enfoque.

 

Recordemos que descansar no es un acto de pereza, sino de autocuidado. Al honrar nuestras necesidades de pausa, no solo cuidamos nuestra salud mental, sino que también potenciamos nuestro rendimiento y calidad de vida. A veces, dar un paso atrás es la mejor manera de avanzar.

 

 

La Importancia de Cómo Tratamos a Nuestros Hijos en la Infancia

 

 

La infancia es una etapa crucial en la vida de un niño. Es el momento en que se forman las bases de su personalidad, autoestima y cómo se relacionan con los demás. La manera en que tratamos a nuestros hijos durante estos años no solo afecta cómo se sienten hoy, sino que también tiene un impacto profundo en su vida adulta.



 

Los niños son muy sensibles a lo que experimentan y aprenden de sus padres y cuidadores. Cuando les brindamos amor, apoyo y comunicación abierta, les ayudamos a sentirse seguros y confiados. Por el contrario, si reciben críticas constantes, indiferencia o falta de atención, pueden desarrollar inseguridades y problemas en sus relaciones más adelante.



 

Es importante recordar que nuestros hijos aprenden observando. Lo que hacemos y cómo reaccionamos en situaciones cotidianas les muestra cómo manejar sus propias emociones y relaciones. Un enfoque positivo en la crianza ayuda a los niños a desarrollar habilidades emocionales y sociales que son esenciales para su éxito en la vida adulta.



 

Cuando fomentamos una buena autoestima en nuestros hijos, les estamos dando herramientas para enfrentar los desafíos más adelante. Los niños que se sienten valorados y comprendidos son más propensos a crecer con una imagen positiva de sí mismos, lo que les ayudará a formar relaciones sanas y a ser resilientes frente a las dificultades.



 

Por todo esto, es fundamental que los padres y cuidadores se esfuercen por crear un ambiente amoroso y comprensivo. Alentar la empatía, la comunicación y el respeto no solo beneficia a los niños en su crecimiento, sino que también les ayuda a convertirse en adultos equilibrados, empáticos y seguros de sí mismos.



 

En resumen, cómo tratamos a nuestros hijos en la infancia tiene un gran impacto en su vida adulta. Al invertir en su bienestar emocional desde pequeños, estamos ayudando a construir un futuro más brillante y saludable para ellos y, en última instancia, para nuestra sociedad.

 

 

No Debemos Mirar el Pasado con Ojos del Presente

Es fácil caer en la trampa de juzgar nuestras decisiones y experiencias pasadas con la perspectiva que tenemos hoy. Sin embargo, mirar el pasado con ojos del presente puede llevarnos a malentendidos y arrepentimientos. Cada etapa de nuestra vida está influenciada por el contexto, las emociones y las circunstancias del momento.



 

Cuando reflexionamos sobre nuestras acciones pasadas, es importante recordar que tomamos decisiones basadas en lo que sabíamos y sentíamos en ese momento. Juzgar esas decisiones con la sabiduría y la experiencia actuales puede ser injusto. En lugar de criticar nuestras elecciones pasadas, debemos tratar de comprenderlas y aceptarlas como parte de nuestro crecimiento personal.



 

La autoaceptación y la compasión hacia nosotros mismos son esenciales. Al reconocer que todos cometemos errores y que nuestras vivencias nos han moldeado, podemos liberarnos del peso de los arrepentimientos y aprender de nuestras experiencias. Esto nos permite avanzar con una mentalidad más positiva y abierta, en lugar de quedarnos atrapados en el pasado.



 

Así que, en lugar de mirar atrás con juicio, intentemos verlo con curiosidad y comprensión. Cada experiencia, buena o mala, es una lección que nos ayuda a crecer y a ser la persona que somos hoy. Aceptar nuestro pasado con una perspectiva más amable nos permitirá construir un futuro más pleno y consciente.